Transformar residuos en oportunidades: la historia de Ryan Walter y Polielectric

¿Qué pasaría si el mayor residuo plástico del campo Argentino fuera la clave para revolucionar la industria rural?

De acumular silobolsas descartadas a liderar un modelo de economía circular a los 18 años: Ryan Walter nos cuenta la letra chica de emprender, los errores que nadie muestra y cómo transformar un problema ambiental en una solución real.

Innovación circular al servicio del campo

En tiempos en los que la sostenibilidad dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad, surgen emprendedores capaces de mirar donde otros no miran y descubrir oportunidades donde muchos solo ven residuos. Ryan Walter pertenece a esa nueva generación de innovadores que decidieron convertir un problema ambiental en una solución para el campo.

Fundador de Polielectric, Ryan comenzó este proyecto siendo apenas un joven recién egresado de la escuela secundaria. En plena pandemia, mientras el mundo parecía detenerse, encontró el tiempo para hacerse una pregunta que marcaría su futuro: ¿cómo crear una empresa con impacto económico, social y ambiental?

La respuesta fue una compañía argentina que recupera silobolsas descartadas y las transforma en aisladores eléctricos de alta calidad para cercos rurales. A través de la economía circular y el compromiso ambiental, Polielectric demuestra que los residuos pueden convertirse en recursos valiosos.

Entrevista a Ryan Walter: emprender, aprender y multiplicar el impacto

«Los sueños no se hacen realidad esperando. Se hacen realidad cuando uno se anima a empezar.»

Ryan Walter

https://www.polielectric.net

Ryan, si pudieras volver a ese joven de 18 años que acababa de terminar la secundaria, ¿qué imagen se te viene primero a la cabeza?

Veo a un chico con mucho tiempo para pensar. La pandemia detuvo el mundo, pero también me regaló el espacio para hacerme una pregunta que cambiaría mi vida: qué quería hacer con mi futuro. Sabía que quería emprender; lo que todavía no sabía era cuál sería el camino.

— ¿En qué momento una simple idea empezó a convertirse en un proyecto con propósito?

— Al principio imaginaba fabricar aisladores eléctricos utilizando tapitas de botellas recicladas. Pasé meses haciendo pruebas, aprendiendo y construyendo prototipos, hasta comprender que ese no era el camino. Un día alguien me habló de las silobolsas, ese plástico que se acumula en los campos y que casi nadie sabía cómo reutilizar. Esa conversación fue el punto de inflexión. A veces, los grandes proyectos nacen de una pregunta sencilla y de la capacidad de escuchar una buena idea.

— Mirando hacia atrás, ¿cuál sentís que fue la decisión que realmente cambió el destino de Polielectric?

— Sin dudas, dejar de caminar solo. Durante mucho tiempo busqué un socio, pero no quería hacerlo por necesidad o apuro. Esperé hasta encontrar a la persona indicada. Cuando conocí a Ignacio entendí que compartíamos la misma visión. Él aportó toda su experiencia en ventas y marketing, y desde ese momento la empresa comenzó a crecer a un ritmo que jamás hubiera alcanzado por mi cuenta.

— Muchos jóvenes temen equivocarse. ¿Cómo aprendiste a convivir con el error?

— Hoy entiendo que los errores son parte del proceso. Equivocarme con el material inicial o querer implementar una tecnología demasiado compleja desde el comienzo me enseñó que cada etapa tiene su tiempo. El error no es el enemigo; el verdadero problema es no aprender de él. Cada equivocación me permitió construir una versión mejor del proyecto.

— ¿Qué descubriste sobre vos mismo mientras construías este sueño?

— Descubrí que emprender transforma mucho más que una idea. También transforma a la persona. Aprendí a tomar decisiones difíciles, a convivir con la incertidumbre y a confiar en otros. Son aprendizajes que difícilmente hubiera adquirido en otro ámbito.

— Emprender suele mostrarse como un camino lleno de éxitos. ¿Qué realidad hay detrás de esa imagen?

— La realidad es que emprender también significa atravesar años de sacrificio, esfuerzo y muchas dudas. Es un camino bastante solitario y, estadísticamente, es más probable fracasar que tener éxito. Aceptar esa realidad desde el principio ayuda a vivir el proceso con otra mirada y a no abandonar cuando aparecen los primeros obstáculos.

— Si hoy volvieras a empezar, ¿qué aspectos cuidarías especialmente?

— Pondría muchísimo foco en la parte societaria y legal. Incorporar un socio es una de las decisiones más importantes que puede tomar un emprendedor y hay que hacerlo con inteligencia, pensando siempre en el largo plazo. En cambio, los errores de producto, de ventas o de marketing suelen corregirse con aprendizaje, tiempo y trabajo.

— Después de todo este recorrido, ¿qué significa hoy Polielectric para vos?

— Es la prueba de que una idea sencilla puede transformarse en un proyecto con impacto cuando hay perseverancia. Empezó como un sueño personal y hoy demuestra que es posible generar valor económico mientras se cuida el ambiente. Eso me recuerda todos los días que valió la pena intentarlo.

— Para terminar, ¿qué le dirías a esa persona que tiene una idea guardada en un cuaderno pero todavía no se anima a dar el primer paso?

— Le diría que no espere el momento perfecto, porque ese momento nunca llega. Que empiece con lo que tenga, desde donde esté y con los recursos disponibles. Tal vez ese primer proyecto no sea el que finalmente triunfe, pero será el que le enseñe todo lo necesario para construir el siguiente. Los sueños no se hacen realidad esperando. Se hacen realidad cuando uno se anima a empezar.

Encontrar el faro en el camino emprendedor

Emprender es, en esencia, un acto de profunda valentía. La historia de Ryan Walter y Polielectric nos enseña que no se trata de tener todas las respuestas resueltas desde el primer día, sino de contar con la convicción suficiente para definir un foco: un verdadero faro que ordene las prioridades y guíe cada decisión en medio de la incertidumbre.

Esa luz no solo marca el rumbo frente a las adversidades, sino que enciende la determinación necesaria para no bajar los brazos. Porque cuando uno se anima a dar ese primer paso y trabajar con constancia, se descubre algo aún mayor que el éxito comercial: la satisfacción incomparable de haberlo intentado, de haber perseguido una convicción y de haber alcanzado resultados extraordinarios.

Entrevista y nota: Lic. Matías Román Avecilla

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