¿Qué pasa cuando la pasión por la tierra y el deseo de transformar la alimentación se convierten en un proyecto de vida?
De recorrer la Argentina en bicicleta a fundar en Tandil una fábrica de pastas integrales y orgánicas que hoy conquista góndolas nacionales: Diego Delavanso comparte el valor de enfocarse, las lecciones del error y cómo la perseverancia transforma un sueño familiar en una marca con identidad propia.
El sueño de volver a casa y construir un proyecto con sentido
Hay historias que nacen de una oportunidad de negocio y otras que se gestan en el camino, cuando un proyecto todavía no tiene forma definitiva. La de Diego Delavanso empezó sobre dos ruedas, recorriendo las rutas de la Argentina en bicicleta, descubriendo paisajes y conectando con la labor de quienes trabajan la tierra.
Docente de profesión, encontró en ese viaje una forma distinta de comprender la producción y el consumo. Años más tarde, junto a su esposa, decidieron regresar a Tandil para volcar esa experiencia en una iniciativa concreta.
Así nació en 2017 Doña Dominga Fideos, un emprendimiento familiar enfocado en la elaboración de pastas integrales y orgánicas que comenzó a escala artesanal y que hoy forma parte de las góndolas de importantes cadenas comerciales del país.
Manteniendo la esencia de sus inicios, la empresa sigue apostando a la materia prima de origen local, la alimentación consciente y el desarrollo sostenible de la comunidad.
Entrevista a Diego Delavanso: propósito, aprendizaje y constancia
La conversación con Diego comenzó con una frase que resume la filosofía de todo su recorrido:
«Si te caés tres veces, te levantás otras diez, otras cien, otras quinientas. No han de ser tus caídas tan violentas, ni tampoco, por ley, han de ser tantas.»
— Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)
— Diego, cuando mirás hacia atrás, ¿cuál es la primera imagen que se te viene a la mente?
— La de un sueño compartido con mi esposa. Ambos éramos docentes, habíamos vivido en distintas partes del país y sentimos que era el momento de instalarnos definitivamente en Tandil. Queríamos encarar un proyecto propio que no solo fuera una fuente de trabajo, sino que tuviera un sentido profundo. La agricultura orgánica siempre nos interesó porque promueve el cuidado del suelo y la salud de las personas.
— ¿Cómo llegaron a la producción de fideos?
— Analizamos varias alternativas antes de definir el producto. Pensamos en una panadería, en tapas para tartas o prepizzas. Todo cambió cuando entramos en contacto con un productor de harina orgánica local; entendimos que podíamos agregar valor a esa cadena. Las pastas integrales reunían todo lo que buscábamos: un alimento nutritivo, directo y elaborado con insumos de cercanía.
— ¿Cuál considerás que fue la decisión clave en la primera etapa?
— Aprender a simplificar. Al comienzo queríamos abarcar demasiados productos y líneas. Un consejo determinante fue encarar pocas cosas pero ejecutarlas con la máxima calidad posible. Eso nos permitió ganar eficiencia y entender que la constancia en un objetivo claro supera a la dispersión.
— ¿Qué error se convirtió en un gran aprendizaje?
— La compra prematura de un molino para procesar nuestra propia harina. La idea era muy atractiva en el papel, pero la empresa no contaba con la estructura operativa suficiente para dar ese salto. Fue una lección sobre la importancia de respetar cada fase de crecimiento sin acelerar procesos antes de tiempo.
«Hagan pocas cosas, pero háganlas realmente bien. Descubrimos que la constancia siempre supera a la dispersión.»
— ¿En qué punto notaron una consolidación del proyecto?
— Durante el período de pandemia. Nos habíamos trasladado a una planta más amplia y existía cierta incertidumbre sobre cómo ocupar la capacidad instalada. La creciente demanda de alimentos saludables aceleró los tiempos y la fábrica comenzó a operar a pleno. Fue el resultado de estar preparados cuando se presentó la oportunidad.
— ¿Cómo se posicionaron frente a competidores de mayor escala?
— Evitando la competencia por volumen. Nos enfocamos en construir una propuesta de nicho, con identidad y valor agregado. Cuando el producto es genuino y responde a una necesidad real, el consumidor reconoce esa diferencia en la góndola.
— El rol del emprendedor exige resolver aspectos muy diversos…
— Es una formación continua. A lo largo de estos años me tocó aprender sobre mantenimiento industrial, logística, gestión financiera, normativa comercial, marketing y comunicación digital. Cada etapa presenta un desafío nuevo que obliga a incorporar herramientas sobre la marcha.
— ¿Qué pauta de gestión considerás fundamental para resguardar el negocio?
— La prudencia financiera. Para proteger el flujo de fondos es clave operar con condiciones claras con clientes nuevos y reinvertir permanentemente las utilidades en la empresa. Mantener una estructura ordenada da margen de maniobra ante eventuales imprevistos.
— ¿Qué le dirías a quien está analizando la posibilidad de iniciar un emprendimiento?
— Que pase a la acción. No es necesario tener todas las variables resueltas para empezar; la planificación es importante, pero la experiencia real se adquiere en la práctica diaria. Hay que estar dispuesto a adaptarse, corregir el rumbo y sostener el esfuerzo en el tiempo.
El efecto dominó de una decisión: el verdadero valor de dar el primer paso
El recorrido de Diego Delavanso y Doña Dominga Fideos nos recuerda una verdad profunda y transformadora: los grandes emprendimientos no nacen en estructuras gigantescas ni requieren condiciones perfectas para existir. Nacen en una charla compartida, en el deseo de construir algo propio y en la valentía de poner a rodar una idea.
Emprender no es un privilegio reservado para unos pocos expertos, es una convicción al alcance de cualquiera que decida pasar a la acción. Quien lee esta historia y siente el impulso de emprender debe saber que no hace falta tener todas las respuestas desde el primer día. El camino se aprende caminando, los errores se convierten en aprendizaje y la constancia diaria termina haciendo la diferencia.
Cuando uno se anima a dar ese primer paso con propósito y trabajo duro, descubre lo más valioso de este viaje: que los sueños no son para contemplar desde afuera, sino para construirlos con las propias manos y comprobar que uno también es capaz de lograr lo extraordinario.