Mirar el futuro con otros ojos: lentes nacidos del cáñamo

“Hay formas de innovar que no son las tradicionales”

Mariano Percivale es diseñador industrial, emprendedor y fundador de Chanvre, una marca argentina que nació con el desafío de transformar el cáñamo en productos de diseño, comenzando por anteojos desarrollados a partir de sus fibras. Su recorrido combina innovación, sustentabilidad y una mirada crítica sobre las formas tradicionales de producir y consumir. Más que crear objetos, Mariano busca demostrar que el diseño puede convertirse en una herramienta de transformación ambiental y social, abriendo camino a nuevos materiales, nuevas industrias y otras maneras de pensar el futuro.

En esta entrevista, Mariano nos abre un espacio a su mente y su corazón para reflexionar sobre el diseño, la sustentabilidad y el futuro de la industria.

El ADN creativo y las raíces familiares

¿Cuando eras chico, ¿alguna vez imaginaste que tu camino iba a ser el de crear una marca como Chanvre?

Yo creo que sí. Desde chiquito siempre tuve adentro esa cosa de crear, de inventar cosas. Creo que también viene de mi familia: todos fueron siempre de hacer muchas cuestiones manuales, arreglar máquinas, hacer obras, albañilería, arreglos, jardinería.Siempre fue todo muy manual, muy de crear.
Con lo cual, siempre estuvo ahí la idea de hacer algo.

Y Chanvre es básicamente eso: innovar, crear, pero además hacerlo con una razón social y ambiental.

https://chanvre.mitiendanube.com/

Los inicios de un sueño con impronta propia

¿Cuál fue el primer sueño que recordás haber tenido como emprendedor? ¿Se parece en algo a lo que vivís hoy?

El primer sueño como emprendedor apareció casi al final de la carrera. Ya estaba pensando en hacer un emprendimiento porque siempre tuve una cuestión con el tema del jefe o de recibir órdenes. Hacer algo propio siempre estuvo como primera opción, casi como única opción.
Cuando arranqué el emprendimiento me limité bastante.

Obviamente, la coyuntura económica y social es difícil de imaginar y trae aparejados cambios y diferentes situaciones. Pero creo que lo que estoy viviendo hoy va bastante conforme a lo que siempre soñé.
Incluso se terminaron dando cosas mucho más increíbles de las que imaginaba: todo el tema de la ley, seguir inventando productos, que hayan salido y poder continuar desarrollando todo esto. Está siempre la cuestión coyuntural, pero esperemos que todo mejore.

El momento bisagra: de la planta a la fibra

¿Cómo nació la idea de fabricar lentes a partir de una planta tan noble como el cáñamo? ¿Hubo un momento bisagra?

La idea surgió estando con compañeros de la facultad, después de haber hecho un cultivo para uso adulto. Yo ya tenía la idea de hacer anteojos sostenibles utilizando otros materiales reutilizados.
Pero un día vi a un amigo que estaba haciéndose una pulsera con unas fibras de una de las plantas que habíamos cosechado. Ese fue literalmente el momento bisagra.
A partir de ahí empezó un proceso bastante lineal hasta llegar a hoy. Después de ese momento comencé la investigación, empecé a hacer pruebas, después a vender los productos y todo eso terminó derivando en nuevos productos y también en involucrarme en cuestiones de política industrial.

Ir contra la marea: el desafío simbólico del cáñamo

¿Qué te enamoró del cáñamo? ¿Su potencial ambiental, su historia o el desafío de demostrar que era posible?

Creo que fue un poco de todo. También hay una cuestión psicológica de ir contra el sistema, de ir contra la marea para tratar de hacer cambios significativos. Quizás esa fue una de las cuestiones subyacentes. Después están, obviamente, sus propiedades mecánicas, físicas y ambientales, su capacidad de diversificación y la cantidad de productos que se pueden hacer.

Pero siempre hay también una cuestión simbólica y psicológica detrás que te lleva a hacer las cosas. Esto era además un desafío: era ilegal, había que hacer una ley, había que demostrar que se podía hacer y mostrar la cantidad de cosas que podían desarrollarse. Era un campo prácticamente virgen, donde estaba la posibilidad de innovar, crear cosas nuevas e inventar algo que no hubiese hecho otro. Eso siempre me interesó en todos los aspectos de la vida: tratar de salir del margen de lo común y hacer algo que nadie hace.

Trabajo manual, moldería y aprendizajes humildes

Todo emprendimiento tiene un punto de partida humilde. ¿Cuál fue el primer paso que hoy mirás con cariño?

Creo que fue empezar a utilizar las fibras de los tallos que tenía de cultivos que había hecho. Extraer esas fibras era un trabajo totalmente manual. La matricería, la moldería y los procesos eran muy precarios. Hoy tampoco tenemos una tecnología ultra avanzada, pero obviamente contamos con mucha más tecnología y con matricería de otra calidad.

En aquel momento era todo muy precario y, además, sin dinero. Pero ese proceso me sirvió muchísimo para entender un montón de cuestiones. Como pasa con todo lo que uno aprende, ya sea desde las ciencias sociales, las ciencias exactas o cualquier otra disciplina, tener una base después te permite observar todos los bemoles de lo que hacés con mucho más criterio. Siento que ese proceso fue clave.

Demostrar con hechos frente al escepticismo

¿Hubo personas que dudaron de la idea? ¿Cómo se convive con el escepticismo cuando uno cree profundamente en un proyecto?

Creo que hubo poco escepticismo porque desde el primer momento pude mostrar resultados concretos, como en el caso de los lentes de biopolímero.
Obviamente existía el problema de que era una planta prohibida y poco conocida. La parte que sí se conocía era el cannabis y existía cierta resistencia por la asociación con la psicoactividad y las drogas.
Pero tuve la suerte de que era bastante fácil demostrar lo que estaba haciendo porque ya lo tenía en las manos, ya lo había desarrollado.
Tal vez hubo más escepticismo respecto de hacer una ley y conseguir que esto se convirtiera en una industria pujante y fuerte. Todavía no lo es, pero se fue avanzando.
Y eso se consiguió a base de mostrar la realidad del proyecto.

La fórmula: estética, innovación y materialidad

Chanvre combina diseño, innovación y sustentabilidad. ¿Cómo lográs que esas tres cosas convivan sin resignar ninguna?

Con el cáñamo hay algo interesante porque, por el propio hecho de utilizar esa materia prima, ya tenés una parte muy importante de la innovación y la sustentabilidad.
Después aparece el desafío del diseño: lograr que el producto tenga algo familiar. Cuando una persona va a una óptica y encuentra el producto, tiene que reconocer elementos estéticos, formales, tipológicos y funcionales que le resulten familiares.
La textura, los colores, la forma y la manera en que se presenta ante el público tienen que guardar relación con otros anteojos, pero al mismo tiempo tiene que existir una impronta que indique que hay algo diferente, algo novedoso.
Siento que diseño, innovación y sustentabilidad pueden unirse muy bien cuando encontrás la materia prima y el proyecto indicados.

Más allá del producto: la economía circular y la conciencia social

¿Qué significa para vos emprender con impacto? ¿Sentís que una empresa también puede ser una herramienta para cambiar la manera en que consumimos?

Creo que está relacionado con lo anterior. La propia materialidad y el mensaje que damos tienen que ver con querer cambiar el sistema en el que vivimos, cambiar la forma en que consumimos y también los modelos productivos.
Hay una impronta que va más allá del consumo y de que el producto sea sostenible. Todo esto tiene que ir acompañado de concientización y de mayor información para las personas.
Por suerte pudimos darle a la marca esa característica de ser algo más que el producto que uno ve y tiene en las manos.
Emprender con impacto significa eso. Hoy se habla mucho de economía circular, pero para nosotros también existe un mensaje social: pensar cómo podemos salir de las crisis, cómo generar nuevas conductas y encontrar nuevos caminos para crecer como sociedad.

Una filosofía de vida hecha marca

¿Cuál fue el momento en el que sentiste que Chanvre ya no era solo un emprendimiento, sino un propósito de vida?

Si soy sincero, creo que arrancó siendo eso. Nunca fue solamente un emprendimiento.
Apenas empecé a vender, comenzó a generarse mucha más información alrededor del proyecto y empecé a dar conferencias, ir a facultades, universidades y encuentros gubernamentales, trabajar con ministerios y explicar todo esto.
Por eso no siento que haya encontrado ese propósito en el camino. Desde el primer momento estuvo presente.
Chanvre es una forma de vivir, una forma de ver el mundo y una manera de tratar de comunicar esa mirada a las demás personas
.

Comunicar a través del diseño

Cuando alguien elige unos lentes Chanvre, ¿qué te gustaría que se llevara además del producto?

«El mensaje«

El mensaje de que existen otras materialidades, otras propuestas, otras formas de consumir y otras maneras de mirar los productos y el diseño.
Más allá de la funcionalidad —que funcionen, que tengan poco peso, que sean cómodos y que a la persona le guste su estética—, ese mensaje me parece lo más interesante.

Porque también tiene relación con cuestiones como la obsolescencia programada, algo que nos afecta ambientalmente y que también afecta el funcionamiento de las economías y el medioambiente del mundo.

Humildad y criterio: lecciones del camino

¿Qué aprendiste de los errores y de los momentos difíciles que hoy agradecés haber atravesado?

Mucha humildad y criterio. Creo que esas son las dos palabras que más representan lo que aprendí durante todo este camino.
Humildad y criterio para saber dónde estoy parado, cómo actuar, saber escuchar y ser más cauto en las decisiones que tomo.
Esos dos conceptos fueron esenciales. Hoy siento que me han forjado y agradezco lo que pasó porque me permiten ser mucho más criterioso e inteligente respecto de las cosas que hago y digo.

Consejos para futuros emprendedores: evitar el greenwashing

Si pudieras dejarle un mensaje al Mariano que recién empezaba, ¿qué le dirías? ¿Y qué consejo le darías hoy a quienes sueñan con emprender sin dejar de cuidar el planeta?

Le diría dos cosas. Primero, que siga por ese camino y que crea en lo que está haciendo. Yo siempre creí, pero le diría que creyera todavía con más fuerza porque siento que esa convicción fue esencial para llegar hasta donde estoy hoy.
Y, por otro lado, le diría que tome las cosas con más calma, que tenga más criterio al tomar decisiones y la humildad suficiente para escuchar y entender los consejos. No significa aceptar todos los consejos, porque no necesariamente todos son buenos, sino poder ampliar la mirada y empezar a observar las cuestiones desde otros lugares.


Creo que el motor siempre estuvo ahí: la innovación, la sostenibilidad, tratar de generar impacto y tratar de desarrollar una industria para todos los argentinos y argentinas.
A quienes quieren emprender cuidando el planeta también les diría que se profesionalicen. Puede ser en ingeniería, diseño, química, física o en el área que corresponda, pero que busquen comprender realmente cómo funcionan los procesos productivos, los materiales y cómo está organizado el país.
Tenemos que aprender a hacer productos verdaderamente sostenibles y no caer simplemente en el greenwashing de un producto que parece lindo o ecológico. Hay que utilizar las herramientas de la ciencia para desarrollar algo realmente sostenible.


Y cuando digo sostenible también hablo de un producto que pueda ser consumido, que tenga un precio competitivo, que pueda enfrentar la competencia comercial que viene en el mundo y que tenga las propiedades físicas y mecánicas necesarias para funcionar realmente para los usuarios.
Uno puede creer muchísimo en su producto, pero eso no significa necesariamente que vaya a tener futuro.
Por eso creo que hay que mirar las propias ideas de una manera muy popperiana, en referencia a Karl Popper: poner en discusión nuestras propias ideas hasta el final, someterlas a examen y tratar de comprobar si realmente funcionan.


Si después de ese examen exhaustivo uno descubre que el producto es posible y que responde a las condiciones reales del mundo, entonces sí entra la parte simbólica y espiritual: creer en el proyecto hasta el final.
Porque la parte intangible es importante, pero si el producto no responde a las cuestiones reales de la vida cotidiana y del sistema en el que vivimos, lamentablemente no se vive de promesas.

El legado de Chanvre: ser una influencia para el cambio

Si dentro de treinta años alguien cuenta la historia de Chanvre, ¿qué te gustaría que dijera? ¿Que fue una empresa exitosa o que ayudó a demostrar que se podía emprender de una manera más consciente y en armonía con la naturaleza?

Me gustaría que Chanvre hubiera sido una influencia.
Obviamente a todo el mundo le gustaría que su empresa fuera exitosa, pero si termina siendo una influencia para los demás, si otras personas pueden mirar todo lo que se hizo con Chanvre y quieren repetir ese camino con otros productos, pero conservando esa filosofía, esa conciencia y ese concepto que tiene la marca, creo que de alguna manera habremos triunfado.
Me gustaría que dentro de treinta años alguien pudiera mirar el proyecto de esa manera.
Porque, al fin y al cabo, ese siempre fue el mensaje que quisimos transmitir: hay formas de cambiar, hay formas de mejorar y hay formas de innovar que no son las tradicionales.
Hay que poner empeño para hacerlo. Y sería muy feliz si eso finalmente pasa.

Cuando el diseño abraza el propósito

Escuchar a Mariano Percivale es asomarse a una forma distinta de habitar el mundo. En sus palabras no solo hay visión de negocios o rigor técnico; hay una convicción profunda que conmueve por su coherencia. Chanvre no nació del cálculo ni del oportunismo, sino de la curiosidad casi poética de quien mira una planta y ve en ella una herramienta para reparar lo que hemos roto como sociedad.

Mariano nos recuerda que la verdadera innovación exige valentía: la valentía de ir contra la corriente, de desafiar los estigmas y de someter nuestras ideas al examen más riguroso para asegurarnos de que no sean solo promesas, sino soluciones reales. En un mundo acostumbrado a lo desechable y a la inmediatez, su historia nos invita a desacelerar, a recuperar la humildad frente al entorno y a recordar que detrás de cada objeto que elegimos llevar con nosotros hay una postura ante la vida.

Al final, llevar unos anteojos Chanvre no es solo ver mejor el exterior, sino cambiar la mirada hacia adentro. Es la prueba tangible de que el talento, la ciencia y la conciencia pueden converger en algo hermoso. Si el futuro del diseño y de la industria argentina tiene la cara de este proyecto, hay razones de sobra para mantener la esperanza.

Por Lic. Matías Avecilla

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